¡Qué mala suerte la de nosotros los mortales! Estamos aquí por un breve período, no sabemos con qué propósito, aunque a veces creemos percibirlo. Pero no hace falta reflexionar mucho para saber, en contacto con la realidad cotidiana, que uno existe para otras personas: en primer lugar para aquellos de cuyas sonrisas y de cuyo bienestar depende totalmente nuestra propia felicidad, y luego para los muchos, para nuestros desconocidos, a cuyos destinos estamos ligados por lazos.
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